Barrio Guayabal

Barrio Guayabal

En sus inicios su nombre fue barrio Apolo, luego se intentó cambiar por Barrio Nuevo y ahora es denominado el barrio Guayabal.  Vecino del barrio Cristo Rey y confundido muchas veces como parte de él. Inició estando recién canalizado el río Medellín y cuando el sector estaba lleno de lagunas.  Su propietario era el señor Vitalino Vélez, de Urrao – Antioquia, el cual fue vendiendo el terreno por lotes.  Dicho espacio era ocupado por empresas, entre ellas Fundiciones Apolo y Colcafé que para la época eran pequeñas empresas.

Dicha empresa de fundición, ayudó a la construcción de viviendas para sus empleados en el sector aledaño a sus instalaciones, sin embargo, según manifiesta la señora Matilde Rueda, esposa de un trabajador de la época, no tenían agua ni energía, por eso para lavar la ropa debían atravesar el río Medellín y subir hasta la gruta de la virgen en la avenida el poblado, este desplazamiento lo hacían empleando un puente sobre el río que media de un metro de ancho y se encontraba a lo largo de la calle sexta, cabían solo dos personas y comunicaba el Poblado con Guayabal.

No se había construido aún la Universidad Eafit, ni el INEM; la autopista era en dos direcciones, la ochenta no existía, solo pasaban los buses de Itagüí y de caldas y hasta hace 20 años pasaba un bus que llegaba hasta el barrio doce de octubre. El Mercado lo hacían en el centro, en Guayaquil y también en algunos pequeños negocios ubicados en el barrio Cristo Rey.

El municipio instaló una llave de agua en la vivienda del Señor Guillermo Jaramillo, uno de los primeros habitantes, de allí todos sacaban. Adicional a eso se extraían aguas subterráneas, por lo cual implementaron el sistema de bombeo, según dijo en vida la señora Matilde “se palanqueaba y salía un chorro de agua”

Para ir a la Iglesia debían ir hasta Cristo Rey, después llegó al barrio un sacerdote que oficiaba la eucaristía en Bonem, otra empresa del sector. La comunidad trabajó unida para construir la iglesia María Madre de los Huérfanos, la cual hoy es su parroquia.

En cuanto a la energía se las instalaron, pero por alguna confusión llegaban los de las empresas a cortar los alambres “Nos agarrábamos con los que la cortaban, les mostrábamos las facturas de pago y nada” indicó doña Matilde.

La seguridad y la convivencia de la mano.

Los vecinos generaron mecanismos de seguridad en el sector, consiguieron pitos y una vez escuchaban sonar uno de ellos, informando sobre el peligro, todos salían a pitar y comenzaban a gritar, la convivencia y la seguridad iban de la mano.

Cuenta la señora Rueda que una vez, estando en embarazo, su esposo le había traído unas gallinas, pero un día se las robaron y ella, con todo y su estado se fue hasta el barrio Antioquia, donde quedaba la estación de policía para acusar a los ladrones.  Estos, al ser identificados y capturados, manifestaron que si no hubiera sido po el escándalo de los vecinos, se hubieran robado también los chivos y marranos que levantaban los señores Bernardo Bedoya y Alarico Perea, este último muy conocido y apreciado en el sector.

Hoy el barrio Guayabal ha crecido en viviendas, su radio de acción va desde la calle 5ª hasta las urbanizaciones Ceibas del sur y La Aldea de Guayabal.  Cuenta con diversidad de negocios y además tiene organizaciones sociales y de vecinos como la Jac, Club de vida y la corporación Mather Orphanorum, que trabajan por la convivencia y el mejoramiento del sector.  En el mes de diciembre del 2008, Ceibas y La Aldea atravesaron una difícil situación al presentarse un incendio sin precedentes, este originó más allá del temor ante los hechos, un mayor sentimiento de comunidad, se generaron acercamientos entre los vecinos y se ha logrado afianzar los lazos entre muchos de ellos, por lo que al menos en ese aspecto se podría mencionar la famosa frase “perder es ganar un poco”.

Un Potrero fue el lugar escogido para levantar esta urbanización abierta, Diseñada por la Arquitecta María Eugenia Espinosa, construida por el Ingeniero Iván Aristizabal Restrepo, las casas fueron vendidas sobre planos y habitada en agosto del 1985.

Las primeras casas entregadas fueron las ubicadas en el extremo norte, luego en su orden la peatonal, el segundo parqueadero y las casas frente al primer parqueadero.

A las personas que han llegado en los últimos años les es difícil creer que allí no entraba ni la leche por la ausencia de buenas vías de transporte. Además, las casas ubicadas al extremo norte no tenían dos entradas ni la apariencia actual, se había prohibido la construcción de viviendas con solares externos, por lo cual fue necesario que las viviendas miraran hacia la calle externa y el solar quedaba dando la espalda al parqueadero y a los vecinos.

La necesidad de no estar aislados originó que los habitantes abrieran puertas a los solares y planchas, hasta configurarse el urbanismo actual.  La primer tienda fue la de don Norman y María Eugenia, segundos en llegar a la urbanización y que recuerdan con entusiasmo las “peripecias” de aquellos años.

Los árboles, símbolos de la urbanización y centro de actividades de muchas generaciones, pueden ahora ser observados desde muchos sectores de la comuna.

Urbanización La Aldea de Guayabal construida en 1987 sobre terrenos utilizados para elevar cometas y recoger guayabas.  Con 182 viviendas y cerca de 1000 habitantes, mascotas y muchos Almendros. Sus viviendas de tres pisos, se han ido ampliando a cuatro y muchas se han dividiendo por apartamentos. Es parte de Guayabal, barrio que la ha sabido albergar y acoger.

Al comienzo era una urbanización abierta pero fue cerrada en 1993, aumentando la armonía en su interior, “Somos como un pueblito, agradable para vivir”,  confirma Ángela Congote, miembro de la Junta.

La Aldea ha crecido en habitantes y en su identidad como parte de Guayabal, barrio que la ha sabido albergar y acoger

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